TESTIMONIO DE LA DEVOCION DE JESUS ANIBAL EN CALI, VALLE DEL CAUCA




Grupo de Jesús Aníbal Gómez
Por Yaneth Cárdenas

Todo empieza con una estampa que encontré en una banca de la capilla de Santa Cecilia en el barrio Ciudad Córdoba de Cali, me pareció muy bonita y la guardé en mi agenda. Pocos días después, en medio de mis oraciones ante una dificultad familiar saqué la estampita la miré con atención, la corta historia de Jesús Aníbal me conmovió, leí una y otra vez la oración hasta que atrevidamente le dije: “si de verdad usted es santo ayúdeme la dejé junto a mi máquina de coser, a cada momento miraba la estampa, me costaba  recordar el nombre, no tenía con quien asociarlo, y en menos de una semana, problema solucionado. La sorpresa y la alegría se confundían en mí y aproveché para pedir por otra necesidad que prontamente obtuvo respuesta positiva, y una vez más, pero era la tercera y sentí que debía comentarlo con el padre Álvaro Salazar párroco en Santa Cecilia, el me preguntó si yo sabía cómo se llamaba lo que le estaba contando, con un poco de temor le respondí que parecían milagros, él con un tono fuerte y festivo dijo: “!claro son gracias y favores que estás recibiendo de Dios por la intersección de Jesús Aníba!l”, la verdad en ese tiempo yo pensaba que los milagros y las gracias de Dios eran para otra clase de personas.

Después de ese día mi corazón se llenó de gozo y compartía con la familia y las personas que requerían mis servicios lo que estaba viviendo, ellos querían tener la oración, yo la copiaba a mano y se las regalaba; el padre me dio unas cuantas estampitas que empecé a repartir; luego recibí varias llamadas y comentarios donde me decían “tu santico me hizo tal milagro”.  Por esas cosas que vienen en camino, en la biblioteca del colegio San José donde estudiaba mi hija había una caja llena de libritos rojos TESTIGO DE SANGRE, cuando ella vio que era de Jesús Aníbal lo solicitó en préstamo, pero la hermana que estaba a cargo le dijo que esos libros no se prestaban, la niña insistió y finalmente se lo regalaron; inmediatamente lo leímos y lo repetimos y contábamos la historia que nos parecía dolorosamente hermosa. Un día le dije a Jesús Aníbal yo voy a ir a conocer esa casa donde usted nació, voy a caminar por esos corredores que usted caminó y empecé a ahorrar para hacer el viaje pues debía llevar a mis dos hijos, le comenté a mi mamá quien se animó a acompañarnos, igual tres amigas y el día del viaje el número había aumentado a  dieciocho, en Medellín nos recibieron y guiaron Rafael Gómez y César Gallego nos alojamos en el Picacho y al día siguiente se unieron otras ocho personas entre ellas los Padres Manuel Mesa y Álvaro Salazar para llevarnos hasta Tarso, después de muchas pasatas, el ocho de agosto de 1994 llegamos por primera vez en peregrinación para visitar la casa natal del siervo de Dios  Jesús Aníbal Gómez. 

En Tarso entramos a la iglesia y dimos gracias por estar en ese lugar, poco después empezamos a caminar hasta el Paisaje, allá nos esperaba doña Mireya Gómez que muy amablemente nos permitió entrar y conocer la hermosa finca, la habitación y la cama donde nació. La emoción se apoderó de mí, yo sentía un abrazo como si alguien me estuviera esperando, después de un rato sentí paz y alegría, el padre Manuel celebró la misa en el corredor de la entrada, yo quería pedir muchas cosas para mi pero algunas personas me habían encargado que pidiera por ellas y sus necesidades.

Cuando volvimos a Cali, sin planear nada, nos empezamos a reunir a comentar la experiencia vivida, los favores recibidos y hacer planes para volver el próximo año. El año siguiente le llevamos de regalo a Jesús Aníbal un libro grande para que todas las personas que lleguen en peregrinación se registren, y una canción que le escribió mi mamá después de leer el librito rojo, le puso por nombre Sueño Dorado y lo cantamos con la música del Zorzal. Había un grupito de diez personas que nos reuníamos cada semana para hacer oración, leer y comentar un texto bíblico, organizar actividades para ayudar en las necesidades más urgentes de alguna de ellas, confeccionar ropa infantil y comprar juguetes para mandar a alguna parroquia en navidad.

En los días previos a las peregrinaciones la gente aumentaba, momento oportuno para hacer una especie de catequesis sobre el mártir, hablar del viaje que de paso se le sacaba el máximo provecho paseando por Medellín; esta actividad se hizo continuamente hasta el año 2006 llevando a mucha hasta la casa de Jesús Aníbal. Se han repartido miles de estampas, ahora las reuniones son menos frecuentes pues la edad, la salud, la distancia no lo permite. Jesús Aníbal se convirtió en el santo de la devoción de muchas personas al interceder por ellas para que recibieran de Dios Gracia, Favores y Milagros en su salud física y espiritual, vivienda, matrimonio, hijos, empleo, estudio, viajes y dejar adicciones entre otros.

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